
Por Daniel Juri
Denuncias judiciales con olor a efedrina. Candidaturas testimoniales que lo único que testimonian es que lo que alguna gente vote el 28 no se traducirá institucionalmente el 10 de diciembre. Cuestionamientos sobre si la residencia de Olivos es o no es una casa de familia. Admoniciones de volver al 2001 o volver al futuro. Candidatos que de golpe pasan de la ferocidad a la dulzura. Y entonces, resulta que, al final, era Caperucita la que se había comido al lobo.
Fuente: Clarín